Villette
Villette Algo ocurrÃa; pero yo tenÃa que subir a consultarle lo de la medicina.
El doctor John estaba sentado en una silla a la cabecera de Georgette, y madame Beck se hallaba de pie ante él; la pequeña paciente habÃa sido examinada y tranquilizada, y ahora yacÃa plácidamente en su cuna. Cuando entré, madame Beck hablaba de la salud del propio médico, comentando algún cambio real o imaginario en su aspecto, acusándole de trabajar demasiado y recomendándole descanso y un cambio de aires. Él la escuchaba de buen humor, pero con alegre indiferencia, y le respondÃa que ella era trop bonne y que se encontraba perfectamente. Madame solicitó mi ayuda; y el doctor John siguió sus movimientos con una lenta mirada de lánguida sorpresa ante el hecho de que recurriera a alguien tan insignificante.
—¿Qué piensa usted, señorita Lucie? —inquirió madame—. ¿No lo encuentra más pálido y delgado?
No era frecuente que yo dijera algo más que monosÃlabos en presencia del doctor John; era de ese tipo de personas con las que me comportaba como el ser neutro y pasivo que ellos veÃan en mÃ. En esa ocasión, sin embargo, me tomé la libertad de contestar con una frase: y una frase deliberadamente significativa.
—Ahora mismo parece enfermo; pero quizá se deba a una causa accidental. Es posible que alguien haya enojado o puesto nervioso al doctor John.