Villette
Villette La puerta abierta sirvió para ocultarme; pero, de haberse tropezado conmigo, creo que habría seguido su camino sin verme. Parecía humillado, presa de un gran desconcierto; aunque, para describir fielmente mis impresiones de entonces, sería mejor decir profundamente dolorido, dominado por una sensación de injusticia. No pensé que hubieran lastimado su orgullo, sino que habían herido sus sentimientos… y de un modo cruel. Pero ¿quién lo había torturado así? ¿Qué ser, en aquella casa, tenía tanto poder sobre él? Estaba convencida de que madame se hallaba en su habitación; el pequeño cuarto del que él había salido sólo lo utilizaba la portera; y ésta, Rosine Matou, una bonita grisette[79] francesa carente de escrúpulos, grácil, caprichosa, presumida e interesada, no podía ser la responsable de la terrible experiencia que él parecía haber vivido.
Pero, mientras yo cavilaba sobre esto, la voz de Rosine, clara aunque un poco estridente, entonó una frívola canción francesa, soltando sus gorgoritos por la puerta aún entreabierta: miré hacia el interior, dudando de mis sentidos. Allí estaba, sentada en la mesa, con un elegante vestido de jaconas[80] rose, arreglando una pequeña cofia de color claro: no había ningún otro ser viviente en el cuarto, si exceptuamos algunos peces dorados en una pecera, algunas flores en un jarrón y un luminoso rayo de sol del mes de julio.