Villette
Villette Creo que madame se sermoneó a sí misma. No se mostró débil, ni cayó en absoluto en el ridículo. Es cierto que no tenía que vencer una pasión desbordante, ni se consumía de amor. También es cierto que tenía una ocupación importante, un negocio real que llenaba todo su tiempo, distraía sus pensamientos y dividía sus intereses. Es especialmente cierto que poseía un sentido común que no se concede a todas las mujeres ni a todos los hombres; y con la ayuda de esa mezcla de cualidades se comportó con sensatez, realmente bien. Una vez más, ¡bravo, madame Beck! Se enfrentó a un Apolíon[81]; luchó con coraje y ¡salió vencedora!