Villette
Villette ¡Pero Rosine! Mi sorpresa era indescriptible. Aquel dÃa aproveché cinco oportunidades para pasar por delante de su cuarto, a fin de contemplar sus encantos y descubrir el secreto de su poder. Era joven, bonita, y vestÃa con gusto. Todo eso estaba muy bien, y supongo que bastaba para explicar, ante cualquier espÃritu filosófico, cualquier grado de aflicción y desconsuelo en un hombre joven como el doctor John. Sin embargo, no pude evitar sentir cierto deseo de que el médico fuera mi hermano; o de que al menos tuviese una hermana o una madre que le sermonearan con cariño. He dicho cierto deseo; lo reprimà y lo arrojé lejos antes de que se adueñara de mÃ, descubriendo a tiempo su intensa locura.
«Alguien podrÃa también sermonear a madame sobre su joven médico —pensé—; aunque ¿de qué servirÃa?».