Villette
Villette ¡Cuánto me reà al llegar al aula! Ahora tenÃa la certeza de que madame habÃa visto al doctor John en el jardÃn; podÃa adivinar lo que pensaba. El espectáculo de una naturaleza recelosa engañada hasta tal punto por sus propias elucubraciones me divertÃa enormemente. Pero cuando mi risa se agotó, sentà cómo me embargaba primero la rabia y luego la amargura: era la roca golpeada, de la que brotaron las aguas en Meribá[96]. Jamás se habÃa desencadenado en mi interior una lucha tan extraña y contradictoria como la de aquella noche: risa y aflicción, vehemencia y dolor, se mezclaron en mi corazón. Derramé lágrimas ardientes; no porque madame desconfiara de mà —lo que me resultaba indiferente— sino por otras razones. Los pensamientos más retorcidos e inquietantes quebrantaron mi reposo. Y, sin embargo, aquella agitación remitió: al dÃa siguiente volvÃa a ser Lucy Snowe.