Villette
Villette ¿Qué sentido tenía desencadenar semejante catástrofe? Yo no estaba enojada, ni abrigaba el menor deseo de abandonarla. Difícilmente encontraría a alguien que me empleara con un yugo tan suave y una carga tan ligera[95]; y lo cierto es que madame me gustaba por su sentido común, independientemente de lo que pensara de sus principios: en cuanto a sus métodos, no me perjudicaban lo más mínimo; podía aplicármelos cuanto quisiera: no lograría nada con ellos. Sin enamorado ni esperanzas de tenerlo, estaba tan a salvo de los espías como el mendigo de los ladrones por su falta de riqueza. Me volví entonces y eché a correr, bajando las escaleras con el mismo sigilo y rapidez que una araña que, en aquellos momentos, descendía por el pasamanos.