Villette
Villette La tormenta había amainado un poco al atardecer, pero quiso recuperar entonces el tiempo perdido. El viento del noroeste soplaba con violencia; traía consigo pequeños chaparrones, e incluso a veces, como si fueran disparos, un fuerte granizo; el frío y la lluvia me calaron hasta los huesos. Incliné la cabeza para hacer frente al temporal, pero éste siguió golpeándome. No me descorazoné en aquel trance; sólo deseaba elevarme hasta la tormenta, y extender y reposar mis alas en su vehemencia, seguir su curso veloz, y deslizarme con ella. Mientras me invadía este deseo, mi frío se convirtió en aterimiento y mi debilidad en extenuación. Traté de llegar al porche de un gran edificio cercano, pero la mole de la fachada y su aguja gigante se volvieron negras y desaparecieron de mi vista. En lugar de caer sentada en los escalones, como pretendía, tuve la sensación de arrojarme de cabeza al abismo. No recuerdo nada más.