Villette
Villette —¡Vaya! —exclamó—. ¡Rara vez he visto un parecido mayor! ¿Te has dado cuenta, Graham?
—¿De qué? ¿Qué le sucede ahora a la Anciana Dama? ¡Qué mirada, mamá! Cualquiera dirÃa que sufres un rapto de videncia.
—Dime, Graham, ¿a quién te recuerda esta señorita?
—Mamá, estás haciendo que se ruborice. Te he dicho muchas veces que tu mayor defecto es la brusquedad; recuerda también que ella es extranjera y no conoce tus costumbres.
—Cuando mira al suelo; o al volverse de lado, ¿a quién se parece, Graham?
—Ya que has propuesto la adivinanza, creo que deberÃas resolverla tú.
—Y dices que hace tiempo que la conoces… desde que empezaste a visitar el colegio de la rue Fossette; y, sin embargo, ¡nunca me has comentado este extraordinario parecido!
—¿Cómo iba a comentarte algo en lo que nunca habÃa pensado, y que todavÃa desconozco? ¿Qué quieres decir?
—¡Qué muchacho más necio! ¡MÃrala!
Graham la obedeció: pero aquello resultaba insoportable; supe cuál serÃa el desenlace y creà preferible anticiparme.