Villette
Villette Madame Bretton nos interrumpió en ese momento para hacerme un sinfín de preguntas sobre el pasado; para complacerla, tuve que revivir viejas penalidades, explicar las razones de mi aparente distanciamiento, hablar de mi lucha en solitario con la Vida, la Muerte, el Dolor y el Destino. El doctor John escuchaba, pero apenas intervenía. Madre e hijo me contaron entonces los cambios que se habían operado en sus vidas: tampoco las cosas les habían ido muy bien, y su prosperidad ya no era ni remotamente la de antes. Pero una madre tan valerosa, con el apoyo de un hijo así, tenía las cualidades necesarias para entablar un buen combate con el mundo y salir finalmente victoriosa. El mismo doctor John era una de esas personas ante cuyo nacimiento sonríen los astros más favorables. Aunque la adversidad le presentara su lado más amargo, él la aplastaría con sonrisas. Fuerte y alegre, firme y educado; valiente, pero no temerario; podía cortejar a la mismísima Fatalidad, y conseguir que en sus ojos de piedra brillase una mirada cercana al amor.