Villette
Villette Mi estancia en La Terrasse se prolongó quince días más cuando las vacaciones llegaron a su término. La señora Bretton se las ingenió para procurarme ese descanso. Después de que su hijo dictaminara un día que «Lucy no estaba aún lo bastante fuerte para volver al pensionnat», mi madrina se dirigió a la rue Fossette, tuvo una entrevista con la directora y consiguió su permiso, con el pretexto de que el reposo y el cambio eran necesarios para mi completo restablecimiento. A esto siguió, sin embargo, un acto de cortesía del que yo habría podido gustosamente prescindir; a saber: la visita de madame Beck.
