Villette
Villette Su madre atesoraba una gran bondad, pero la de Graham era aún más excepcional. Al acompañarle a la Basse-Ville —el barrio más pobre y poblado de la ciudad—, descubrà que sus visitas eran tanto las de un filántropo como las de un médico. No tardé en comprender todo el bien que hacÃa entre aquellos desgraciados, sin perder la alegrÃa, de forma habitual, y sin atribuirse ningún mérito por sus acciones. Las clases bajas lo adoraban; los pacientes pobres de hospicios y asilos lo recibÃan con entusiasmo.
Pero ¡un momento! No debo permitir que el fiel narrador degenere en un parcial panegirista. Sé muy bien que el doctor John no era perfecto, como tampoco lo soy yo. La falibilidad humana impregnaba todo su ser: cuando estaba con él, no pasaba una hora, ni siquiera un momento, sin que alguno de sus actos, palabras o miradas delatara algo que no era divino. Un dios no podrÃa tener la cruel vanidad del doctor John, ni su ocasional ligereza. Ningún ser inmortal se habrÃa asemejado a él en su olvido, esporádico y pasajero, de todo lo que no fuera el presente… en su pasión fugaz por ese presente; y no es que lo dedicara, burdamente, a los placeres materiales, pero sà sacaba egoÃstamente de él cuanto pudiera robustecer su amor propio masculino: le gustaba alimentar ese sentimiento voraz, sin pensar en el precio del forraje, ni importarle lo que costara satisfacerlo.