Villette
Villette Una multitud de espectadores se apiñaba delante del gigantesco lienzo al que me habÃan prohibido acercarme; casi la mitad eran mujeres, pero monsieur Paul me explicó después que se trataba de dames, y que ellas podÃan contemplar lo que ninguna demoiselle debÃa siquiera entrever. Le dije claramente que no estaba de acuerdo con su teorÃa, que no la comprendÃa; y él, con su habitual despotismo, se limitó a pedirme que guardara silencio y a censurar mi impetuosidad e ignorancia. Jamás ha ocupado el puesto de profesor un hombrecillo más tiránico que monsieur Paul. Me di cuenta, dicho sea de paso, de que él miraba el cuadro con la mayor tranquilidad y durante un buen rato: no dejaba, sin embargo, de fijarse en mà de vez en cuando, supongo que para asegurarse de que yo obedecÃa las órdenes y respetaba los lÃmites. Poco después, volvió a acercarse a mÃ. QuerÃa saber si habÃa estado enferma, pues eso habÃa oÃdo.
—SÃ, pero ya estoy muy recuperada.
—¿Dónde ha pasado las vacaciones?
—Casi todo el tiempo en la rue Fossette; una pequeña parte en casa de madame Bretton.
—Tengo entendido que la dejaron sola en la rue Fossette, ¿es eso cierto?
—No estaba completamente sola: Marie Broc (la crétine) se hallaba conmigo.