Villette
Villette Y lo cierto es que eran espantosos; se trataba de una serie de cuatro que el catálogo denominaba La vie d’ une femme. Estaban pintados en un estilo muy peculiar: monótono, sin vida, pálido, formal. En el primero se veÃa a una Jeune Fille saliendo de la iglesia, con el misal en la mano, un vestido muy recatado, los ojos bajos y los labios fruncidos: la imagen de la más joven, infame y precoz hipócrita. En el segundo, una Mariée, con su largo velo blanco, arrodillada en un reclinatorio de su alcoba, con las manos juntas, dedo con dedo, mostrando el blanco de los ojos del modo más exasperante. En el tercero, una Jeune Mère, con la cabeza inclinada con desconsuelo sobre un bebé arcilloso e hinchado, con un desagradable rostro de luna llena. En el cuarto, una Veuve, vestida de negro y llevando a una niña también enlutada de la mano, contemplando un mausoleo francés en un rincón de algún Père La Chaise[171]. Aquellos cuatro Anges[172] eran torvos y grises como ladrones, frÃos y sin vida como fantasmas. ¡Qué mujeres! ¡Quién podrÃa vivir con ellas! ¡Falsas, malhumoradas, necias, sin sangre en las venas! Tan malas a su manera como Cleopatra, la enorme e indolente gitana.
Era imposible centrar la atención mucho tiempo en aquellas obras maestras, asà que, poco a poco, desvié la mirada y empecé a observar el resto de la sala.