Villette
Villette —¿Me pregunta qué ocurre? ¿Cómo se atreve usted, tan joven, a sentarse y contemplar descaradamente ese cuadro con la flema de un garçon?
—Es un lienzo horrible, pero no entiendo por qué no puedo mirarlo.
—Bon! Bon! Será mejor que cambiemos de tema. Pero no tendrÃa que estar aquà sola.
—Y ¿si no tengo compañÃa… ni grupo, como dice usted? Además, ¿qué importancia tiene que esté sola? Nadie se mete conmigo.
—Taisez-vous, et asseyez-vous là … là [169]! —dijo colocando una silla en un rincón especialmente sombrÃo, delante de unos cuadros sin el menor interés.
—Mais, monsieur…
—Mais, mademoiselle, asseyez-vous, et ne bougez pas —entendez-vous? Jusqu’ à ce qu’on vienne vous chercher, ou que je vous donne la permission.
—Quel triste coin! —exclamé—. Et quels laids tableaux[170]!