Villette
Villette Nuestro recorrido pasaba por algunas de las principales calles de Villette, intensamente iluminadas y mucho más concurridas que al mediodÃa. ¡Cómo brillaban los escaparates de las tiendas! ¡Con cuánta animación fluÃa la marea desbordante de vida por el ancho pavimento! Mientras contemplaba todo aquello, el recuerdo de la rue Fossette acudió a mi pensamiento: el colegio y el jardÃn amurallado, las aulas enormes y oscuras por las que paseaba sola a aquella misma hora, mirando las estrellas por los ventanales altos y desnudos y oyendo a lo lejos la voz de la lectora que, en el refectorio, repetÃa la lecture pieuse. Pronto volverÃa a oÃrla y a vagar por el internado; y la sombra del futuro se cernió con severidad sobre el radiante presente.
Mientras tanto, nos habÃamos sumergido en una corriente de carruajes que avanzaban en la misma dirección, y no tardó en resplandecer ante nosotros la fachada iluminada de un gran edificio. Como he insinuado antes, apenas sabÃa lo que iba a encontrar en su interior, pues jamás habÃa estado antes en un lugar público de diversión.