Villette
Villette ¿Había habido algo en el desván? ¿Qué habían descubierto? Supongo que, al inspeccionarlo detenidamente, no encontraron gran cosa. Hablaron al principio de las capas desordenadas; pero madame Beck me contó después que no vio nada raro en ellas. En cuanto al cristal roto de la claraboya, aseguró que era algo muy habitual; y, además, pocos días antes había caído una fuerte tormenta de granizo. Madame quiso saber con todo detalle qué había visto, pero yo me limité a describirle una figura borrosa vestida de negro; puse especial cuidado en no pronunciar la palabra «monja», a fin de que no madurase en ella la idea de fantasía e irrealidad. Me ordenó que no dijera nada a las criadas, alumnas o profesores, y elogió mi discreción por haber acudido a su salle à manger privada en vez de contar mi terrible historia en el refectorio.
Y así terminó el asunto. Pero yo me preguntaba tristemente, en mi fuero interno, si aquella extraña aparición era de este mundo o del Más Allá; y si tan sólo era hija de una enfermedad, que me había convertido en su presa.