Villette
Villette —¿Es una niña, Lucy? —me preguntó al oÃdo—. ¿Se ha fijado en su edad?
—No soy una niña. Tengo diecisiete años —protestó su paciente con modestia y dignidad, antes de añadir—: DÃgale a papá que venga; estoy preocupada.
El carruaje se detuvo junto a ellos; el caballero relevó a Graham; pero, al cambiar de brazos, la joven se hizo daño y gimió de nuevo.
—¡Querida! —exclamó el padre con ternura; y, volviéndose hacia Graham, agregó—: ¿Ha dicho usted que era médico?
—SÃ, soy el doctor Bretton, de La Terrasse.
—Bien. ¿Quiere subir a mi carruaje?
—El mÃo está muy cerca: iré a buscarlo y le acompañaré.
—Le ruego, entonces, que nos siga —y le dio su dirección—: Hôtel Crécy, en la rue Crécy.
Fuimos tras ellos; el carruaje avanzaba muy deprisa, y Graham y yo apenas hablamos. Aquello parecÃa una aventura.