Villette
Villette —Exactamente. ¿Por qué lo sabe?
—He estado allÃ.
—¿De veras? Va usted a todas partes. Supongo que la llevó madame Bretton. Ella y Escolapio[219] son siempre bien recibidos en la residencia de los de Bassompierre: al parecer «mi hijo John» atendió a la señorita con motivo de su accidente… ¿accidente? ¡Bah! ¡Menuda comedia! No creo que la aplastaran más de lo que se merece por sus aires de grandeza. Y ahora hay una amistad Ãntima entre las dos familias. Me ha parecido oÃr algo sobre «los dÃas de antaño[220]»… ¡Oh, qué necios eran todos!
—¿Todos? ¿No ha dicho que era usted la única invitada?
—¿Eso he dicho? Bueno, cualquiera se olvida de una anciana y de su hijo.
—¿El doctor y la señora Bretton se hallaban esta noche en casa de monsieur de Bassompierre?
—¡SÃ, claro que sÃ! Y mi prima jugaba a ser la anfitriona. ¡Qué muñeca tan engreÃda!
Resentida, indiferente, la señorita Fanshawe empezaba a traicionar las causas de su abatimiento. El incienso que dejaban ante su altar habÃa disminuido, y era consciente del descenso o quizá de la retirada total de los homenajes y atenciones. La coqueterÃa habÃa fracasado y la vanidad habÃa resultado vejada. Y ahora Ginevra estaba furiosa.