Villette
Villette —¿Está ya completamente bien la señorita de Bassompierre? —inquirÃ.
—Tan bien como usted y como yo, sin duda; pero es una personita muy falsa, y se da aires de inválida para atraer la atención del médico. Y para que la vieja matrona la obligue a recostarse en un sofá, y «mi hijo John» le prohÃba ponerse nerviosa… ¡Bah! Era una escena nauseabunda.
—No lo habrÃa sido si el centro de atención hubiese sido otro: si usted hubiera ocupado el lugar de la señorita de Bassompierre.
—¡Tiene razón! ¡Odio a «mi hijo John»!
—¿«Mi hijo John»? ¿A quién se refiere con ese nombre? La madre del doctor Bretton jamás lo llama asÃ.
—Pues deberÃa hacerlo. Es un patán… un ser huraño.
—Está usted faltando a la verdad; y, como se me está agotando la paciencia, le ruego encarecidamente que se levante ahora mismo de esa cama y salga del cuarto.
—¡Qué mujer tan vehemente! Su rostro tiene el color de un coquelicot[221]. Me gustarÃa saber por qué se muestra siempre tan cascarrabias à l’endroit du gros Jean[222]. ¡John Anderson, mi Jo, John[223]! ¡Oh, qué nombre más distinguido!