Villette
Villette —¿Era asà antes? ¿Le daba esa impresión? ¿Guarda ese recuerdo de él?
—Apenas lo recuerdo de otro modo. Unas veces era muy estudioso; otras, muy divertido: pero estuviera enfrascado en sus libros o dispuesto a jugar, parecÃa pensar esencialmente en los libros o en el juego, y no prestar demasiada atención a aquellos con los que leÃa o jugaba.
—Pero tenÃa debilidad por usted.
—¿Debilidad por mÃ? ¡Oh, no! TenÃa otros amigos… sus compañeros de colegio; yo era insignificante para él, excepto los domingos: sÃ, se mostraba muy amable los domingos. Recuerdo que iba andando de su mano hasta la iglesia de St Mary, y que él me encontraba las oraciones en el devocionario; ¡y era siempre tan pacÃfico y tan bueno los domingos por la tarde! ¡Tan cariñoso para ser un muchacho arrogante y lleno de vida, tan paciente con todas mis equivocaciones cuando leÃa! Y era maravilloso poder confiar en él, pues jamás pasaba esas tardes fuera de casa. Me aterraba la idea de que aceptase alguna invitación y nos abandonara; pero nunca lo hizo, ni pareció desearlo. Seguro que eso se ha terminado para siempre. Supongo que ahora cena fuera todos los domingos…
—¡Niñas! ¡Bajad de una vez! —gritó la señora Bretton desde el piso inferior.