Villette
Villette —¡Qué extraño es que a la mayorÃa de la gente le cueste tanto sentir la verdad! Y no me refiero a conocerla, sino a sentirla. Cuando el doctor Bretton me visitó varias veces, se sentó a mi lado y habló conmigo; y yo hube observado la expresión de sus ojos y de su boca, la forma de su barbilla, el movimiento de su cabeza, y todo lo que solemos observar en las personas que se acercan a nosotros, ¿cómo podÃa no asociar todo eso con Graham Bretton? Graham era más delgado que él, y no tan alto, y tenÃa un rostro más suave, y el pelo más largo y más claro, y hablaba… con una voz menos profunda… más como una niña; y, sin embargo, él sigue siendo Graham, de igual modo que yo soy la pequeña Polly o usted es Lucy Snowe.
Yo pensaba lo mismo, pero me maravilló ver hasta qué punto estábamos de acuerdo: es tan difÃcil encontrar un alma gemela en ciertos asuntos que, cuando sucede, nos parece un milagro.
—Usted y Graham eran compañeros de juegos.
—¿Se acuerda de eso? —inquirió, a su vez.
—Seguro que él tampoco lo ha olvidado —exclamé.
—No se lo he preguntado; pocas cosas me sorprenderÃan tanto como descubrir que tiene usted razón. Supongo que su temperamento sigue siendo alegre y despreocupado, ¿no es asÃ?