Villette
Villette Nos quedamos unos minutos en silencio. Mirando a uno y otro lado, Paulina dijo:
—Hay cosas en esta habitación que estaban en Bretton. Me acuerdo de ese acerico y de ese espejo.
Era ostensible que no se engañaba al juzgar su memoria; al menos en lo que concernÃa a su estancia en casa de mi madrina.
—Entonces ¿cree que habrÃa reconocido a la señora Bretton? —proseguÃ.
—La recordaba perfectamente; sus facciones, su tez aceitunada, su pelo negro, su altura, su manera de caminar, su voz…
—Del doctor Bretton era imposible que se acordara, por supuesto —continué diciendo—. Fui testigo de su primer encuentro con él, y me consta que le pareció un desconocido.
—Aquella primera noche me quedé desconcertada —repuso la joven.
—¿Cómo se reconocieron él y su padre?
—Intercambiaron sus tarjetas. Los nombres de Graham Bretton y Home de Bassompierre suscitaron toda clase de preguntas y explicaciones. Eso ocurrió el segundo dÃa; pero antes empecé a sospechar algo.
—¿Qué quiere decir con sospechar algo?