Villette
Villette —Pues yo no.
—Uno enorme, papá, que siempre será infranqueable; tan grande como tú con el abrigo cubierto de nieve.
—Y al igual que la nieve, ¿puede derretirse?
—¡No! Es de una carne… de una carne excesivamente sólida[229]: ¡eres tú, papá! Señorita Lucy, advierta a madame Beck de que no escuche sus exigencias de que me admita en el colegio; al final resultarÃa que también tendrÃa que admitirle a él: como le gusta tanto hacerme rabiar, les contaré algunas historias de mi padre. Señora Bretton y todos los demás, escuchen: hace aproximadamente cinco años, cuando yo tenÃa doce, se le metió en la cabeza que me estaba mimando demasiado, que no me estaba preparando para la vida, y no sé qué cosas más; y se empeñó en que fuera a un internado. Yo lloré, etcétera, etcétera; pero monsieur de Bassompierre resultó ser un hombre despiadado y cruel, y fui al internado. Y ¿qué ocurrió después? Del modo más admirable, papá también vino al colegio: iba a verme cada dos dÃas. Madame Aigredoux refunfuñaba, pero no servÃa de nada; hasta que, finalmente, papá y yo fuimos, en cierto modo, expulsados. Lucy puede contarle este detalle a madame Beck: me parece justo informarle de lo que le espera.