Villette
Villette —Si lleva a la señorita de Bassompierre esta misma tarde en su carruaje, señor, puedo garantizarle que Rosine, la portera, correrá a abrirles la puerta; y estoy segura de que madame les recibirá en el salón con su mejor par de guantes.
—En ese caso —contestó el señor Home—, no veo ningún motivo para aplazarlo. La señora Hurst puede enviar al internado lo que ella llama «las cosas» de su señorita; Polly puede empezar a trabajar hoy mismo; y usted, señorita Lucy, confÃo en que se preste a echar una ojeada a mi pequeña, y me diga de vez en cuando qué tal le va. Espero que dé su aprobación a nuestros planes, condesa de Bassompierre.
La condesa carraspeó, vacilante.
—Pensé que mi educación habÃa concluido —dijo.
—Eso sólo prueba cuán equivocados pueden ser nuestros pensamientos: tengo una opinión muy diferente, como casi todos los que esta mañana han sido testigos de tu profundo conocimiento de la vida. ¡Ay, mi pequeña! ¡Tienes tanto que aprender aún! ¡Y papá deberÃa haberte enseñado mucho más! Vamos, lo mejor será hablar con madame Beck; el tiempo está mejorando, y he acabado de desayunar.
—Pero, papá…
—¿S�
—Veo un obstáculo.