Villette
Villette Llegamos al Hôtel Crécy; Paulina estaba arreglada; la señora Bretton se hallaba en su compañía; y, escoltadas por ella y por monsieur de Bassompierre, no tardaron en conducirnos al lugar de reunión, donde nos sentamos en un buen lugar, a escasa distancia de la tribuna. Los jóvenes del Athénée estaban congregados delante de nosotros; los miembros de la corporación municipal y su bourgmestre se encontraban en los asientos de honor; los pequeños príncipes, con sus tutores, ocupaban una posición privilegiada; y la aristocracia y los burgueses más importantes de la ciudad abarrotaban el grueso del edificio.
En cuanto a la identidad del profesor que debía pronunciar el discours, era algo que no me había preocupado de averiguar. Suponía que uno de aquellos eruditos se levantaría y pronunciaría un ceremonioso discurso, mitad dogmatismo para los atenienses, mitad adulación para los príncipes.