Villette
Villette Algunos invitados nuevos, tanto damas como caballeros, llegaron después de la cena, a fin de pasar la velada conversando; y, entre estos últimos, diré incidentalmente que vislumbré a lo lejos un perfil severo, oscuro y profesoral, dando vueltas por un salón interior. Monsieur Paul Emanuel conocía a muchos de los caballeros presentes, pero supongo que a casi ninguna de las mujeres, aparte de mí. Al mirar hacia la chimenea, fue inevitable que me viera y, como es natural, hizo un movimiento para acercarse; al darse cuenta, sin embargo, de que estaba con el doctor Bretton, cambió de parecer y se detuvo. Si eso hubiera sido todo, no tendría nada que decir en su contra; pero no satisfecho con frenar su avance, frunció el ceño, sacó el labio inferior y se puso tan feo que me vi obligada a apartar los ojos de aquel desagradable espectáculo. Monsieur Joseph Emanuel había acudido con su hermano, y justo en ese momento relevaba a Ginevra en el piano. ¡Qué acordes de maestro sucedieron al teclear de la alumna! ¡Con qué sonidos tan maravillosos y agradecidos reconoció el instrumento la mano del verdadero artista!
—Lucy —empezó a decir el doctor Bretton, rompiendo el silencio y sonriendo mientras Ginevra pasaba delante de él y le lanzaba una mirada—, la señorita Fanshawe es sin duda muy bonita.
Por supuesto, asentí.