Villette
Villette Yo sabÃa, sin embargo, que debÃa ir; que, por mucho que dijera, sus obligaciones e intereses le exigÃan satisfacer literal e inmediatamente aquella convocatoria: me quedé, por ese motivo, esperando en silencio, como si aún no me hubiera contestado. Me preguntó qué más querÃa.
—Sólo la respuesta de monsieur para trasmitÃrsela al mensajero.
Lo negó impaciente con la mano.
Me aventuré a extender el brazo hasta su severo bonnet-grec, que descansaba en el alféizar de la ventana. Él siguió aquel osado gesto con la mirada, sin duda con una mezcla de compasión y asombro ante mi atrevimiento.
—¡Ah! —refunfuñó.
Si llegaba a eso… si la señorita Lucy tocaba su bonnet-grec… podÃa ponérselo, convertirse en un garçon y, amablemente, ir al Athénée en su lugar.
Con enorme respeto, dejé el bonnet sobre la mesa, donde su borla pareció dedicarme un horrible saludo.
—Escribiré una nota para disculparme. Será suficiente, ¿no? —exclamó, inclinándose todavÃa por una respuesta evasiva.