Villette
Villette Tres meses después, al enterarse de que su antigua enemiga pasaba dificultades, y se encontraba prácticamente en la penuria por falta de trabajo, olvidó su aversión y, tan diligente en el bien como en el mal, removió el cielo y la tierra hasta encontrarle un empleo. Cuando madame Panache fue a hacer las paces con él, y a agradecerle su amabilidad, la vieja voz —algo más fuerte—, la vieja actitud —algo más desenfadada—, ejercieron tal efecto sobre él que a los diez minutos se puso en pie y se fue del cuarto presa de la irritación.
Para establecer un audaz paralelismo, en su amor al poder, en su impaciencia por alzarse con la supremacÃa, monsieur Paul Emanuel se parecÃa a Bonaparte. Uno no debÃa someterse siempre a él. A veces era necesario oponer resistencia; convenÃa quedarse quieto, mirarle a los ojos y decirle que sus exigencias eran absurdas, que su absolutismo rayaba en la tiranÃa.
Los albores, las primeras señales de un talento peculiar, dentro de su cÃrculo y bajo su dominio, curiosamente le excitaban, incluso le molestaban. Contemplaba con el ceño fruncido su lucha por cobrar vida; apartaba la mano, tal vez decÃa: «Adelante si tienes fuerzas», pero no ayudaba a su nacimiento.