Villette
Villette Aquella idea de «dominación» nunca abandonaba el pensamiento de monsieur Paul; aunque me hubiera mostrado sumamente dócil con él, no habrÃa logrado quitársela de la cabeza. Qué más da; ¿qué sentido tenÃa? Le escuchaba, pero no me molestaba en ser demasiado sumisa; si yo no le hubiera dejado algo que «dominar», ¿qué habrÃa hecho?
—Necesita que la vigilen, y que cuiden de usted —prosiguió—; tiene suerte de que yo sea consciente de ello, y haga cuanto está en mis manos por desempeñar ambos cometidos. La vigilo a usted y a otras personas muy de cerca, constantemente… a menor distancia y con más frecuencia de lo que usted o ellas imaginan. ¿Ve aquella ventana iluminada?
Señaló una celosÃa en el edificio donde se alojaban los alumnos del colegio vecino.
—Es un cuarto que he alquilado —dijo—, en teorÃa para estudiar, en la práctica como puesto de observación. Allà paso muchas horas leyendo: es mi forma de ser, me gusta. Mi libro es este jardÃn; su contenido es la naturaleza humana… la naturaleza femenina. Las conozco de memoria a todas ustedes. ¡Ah! Las conozco bien, a usted… a St Pierre, la parisina… a esa maîtresse-femme[317], mi prima Beck.
—Lo que hace no es correcto, monsieur.