Villette
Villette —Monsieur, eso debÃa de ser innecesario. Jamás le he visto cohibido.
—¡Qué poco me conoce, mademoiselle! Puedo ser tan tÃmido como una pequeña pensionnaire; hay mucho pudor e inseguridad en mi naturaleza.
—Nunca los he visto.
—Pues ahà están, mademoiselle. TendrÃa que haberse dado cuenta.
—Le he observado en público, monsieur: en estrados, en tribunas, ante tÃtulos nobiliarios y testas coronadas; y estaba usted tan tranquilo como en la clase de tercero.
—Mademoiselle, ni los tÃtulos ni las testas coronadas despiertan mi pudor; y en público me siento en mi elemento. Me gusta, y me encuentro a mis anchas; pero… pero… en pocas palabras, aquà está el sentimiento en acción, en este mismo instante; sin embargo, me niego a dejarme vencer por él. Si yo, mademoiselle, fuera un hombre casadero (algo que no soy; y puede ahorrarse cualquier sonrisa burlona ante la idea), y tuviera que preguntar a una dama si podÃa pensar en mà como su futuro marido, entonces quedarÃa demostrado que soy lo que digo: modesto.
Le creà a pie juntillas; y, al hacerlo, le honré con un aprecio tan sincero que se me partió el corazón.