Villette
Villette —En cuanto a mademoiselle St Pierre —continuó, sobreponiéndose, pues su voz se habÃa alterado un poco—, hubo un tiempo en que pretendió ser madame Emanuel; y es muy posible que lo hubiera conseguido de no haber sido por esa pequeña ventana iluminada. ¡Ah, mágica celosÃa! ¡En cuántos milagrosos descubrimientos me has ayudado! Sà —prosiguió—, he visto su rencor, su vanidad, su ligereza… no sólo aquÃ, sino en otros lugares: lo que he presenciado me protege de todas sus artimañas; estoy a salvo de la pobre Zélie.
»Y mis alumnas —siguió diciendo poco después—, esas blondes jeunes filles[319] —tan dulces y sumisas—, he visto a las más reservadas correr y saltar como chicos, y a las más cautas arrancar uvas del muro y sacudir las ramas del peral. Cuando llegó la profesora de inglés, la vi, y me fijé en su temprana preferencia por este sendero, reparé en su amor a la soledad, y la observé muy bien mucho antes de que ella y yo nos habláramos; ¿se acuerda de una vez que me acerqué silenciosamente a usted y le ofrecà un ramillete de violetas? TodavÃa no nos conocÃamos.
—Lo recuerdo. Sequé las violetas y las guardé; todavÃa las tengo.