Villette
Villette El uno de mayo, todas nosotras —es decir, las veinte alumnas internas y las cuatro profesoras— tenÃamos que levantarnos a las cinco de la mañana, estar vestidas y preparadas a las seis, y ponernos bajo las órdenes de monsieur le professeur Emanuel, que nos guiarÃa fuera de Villette, ya que era el dÃa en que pensaba cumplir su promesa de llevarnos a desayunar en el campo. Lo cierto es que yo, como tal vez recuerde el lector, no habÃa tenido el honor de ser invitada al planearse la excursión… más bien todo lo contrario; pero cuando me referà a ese hecho para saber a qué atenerme, me dieron un tirón de orejas que no quise que se repitiera por plantear más dificultades.
—Je vous conseille de vous faire prier[320] —dijo monsieur Emanuel, amenazando imperiosamente mi otro oÃdo.
Un cumplido napoleónico, sin embargo, era suficiente, asà que decidà formar parte del grupo.
