Villette

Villette

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Un oráculo que me hizo encoger de hombros en cuanto salí a la calle. Es cierto que muy pocos sabemos lo que va a ser de nosotros, pero, dada mi experiencia, esperaba vivir y morir como una sobria protestante: había una falsedad en el interior y una ostentación alrededor de la «Santa Iglesia» que me tentaban, si bien moderadamente. Seguí mi camino meditando sobre muchas cosas. Fuera lo que fuera el catolicismo, había católicos buenos: aquel hombre, Emanuel, parecía ser de los mejores; supersticioso, influenciado por las malas artes de un sacerdote, y, sin embargo, asombroso por su fe apasionada, su ferviente devoción, su espíritu de sacrificio, su caridad infinita. Lo único que faltaba era ver cómo Roma, a través de sus agentes, manejaba esas cualidades; si las mimaba por su propio bien y el del Señor, o practicaba la usura con ellas y se quedaba con los intereses.

Cuando llegué al internado, estaba anocheciendo. Goton había tenido la amabilidad de guardarme un poco de cena, algo que en verdad necesitaba. Me llamó para que la tomara en el pequeño gabinete, y madame Beck no tardó en traerme un vaso de vino.

—Y bien —exclamó, riéndose entre dientes—, ¿qué clase de recibimiento le dispensó madame Walravens? Elle est drôle, n’est-ce pas[347]?

Le conté lo sucedido, transmitiéndole al pie de la letra su mensaje.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker