Villette

Villette

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo XXXVI   - La manzana de la discordia

Además de la madre de Fifine Beck, otra autoridad tenía algo que decirnos a monsieur Paul y a mí antes de que ese tratado de amistad pudiera ser ratificado. Estábamos bajo la surveillance[367] de un ojo que nunca dormía: Roma vigilaba celosamente a su hijo a través de aquella misteriosa celosía ante la que yo una vez me había arrodillado, y a la que monsieur Emanuel se acercaba un mes tras otro: el panel corredizo del confesionario.

¿Por qué me alegraba tanto de ser amiga de monsieur Paul?, se preguntará el lector. ¿Acaso él no llevaba mucho tiempo siendo amigo mío? ¿No había dado pruebas más que suficientes de cierta parcialidad en sus sentimientos?

Sí, lo había hecho; pero me gustaba oírle decir con tanta seriedad que era mi amigo inseparable, verdadero; me gustaban sus pequeñas dudas, su tierna deferencia, esa confianza que anhelaba descansar, y agradecía que le enseñaran cómo. Me había llamado «hermana». Estaba bien. Sí; podía llamarme lo que quisiera siempre que confiase en mí. Estaba dispuesta a ser su hermana con la condición de que no me sugiriera guardar esa relación de parentesco con alguna futura esposa; aunque, al estar tácitamente consagrado al celibato, no era probable que ese dilema se planteara.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker