Villette

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Los naranjos y las brillantes flores disfrutaban, asimismo, de la exultante generosidad del sol; habían pasado el día con él, y ahora estaban sedientas. A monsieur Emanuel le gustaba la jardinería; disfrutaba cuidando de las plantas. Yo tenía la impresión de que trabajar entre los arbustos con una regadera y una pala calmaba sus nervios; era un pasatiempo al que recurría con frecuencia; y en aquellos momentos contemplaba los naranjos, los geranios, los maravillosos cactos, y los reavivaba con el agua que tanto necesitaban. Sus labios, mientras tanto, sostenían su querido cigarro, para él algo indispensable y el principal lujo de la existencia; sus espirales azules ascendían con gracia entre las flores, a la luz del atardecer. No habló más con las alumnas, ni con las maestras, pero se dirigió cariñosamente a una pequeña spaniel que en teoría era de la casa, pero que le consideraba a él su amo, pues le quería mucho más que a cualquier habitante del pensionnat. Era una perrita adorable, suave y delicada, que trotaba a su lado y le miraba con arrobo; y siempre que él lanzaba su bonnet-grec o su pañuelo, lo que hacía de vez en cuando jugando, se agachaba junto a ellos con el aire de un león en miniatura que guardase la bandera de un reino.




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