Villette
Villette Era un hombre mayor de cabellos grises y, al parecer, llevaba veinte años trabajando allí. Al enterarme, tuve la certeza de que recordaría a mis dos tíos, Charles y Wilmot, que habían frecuentado aquella posada quince años antes. Mencioné sus nombres; se acordaba muy bien de ellos, y con respeto. Después de explicarle nuestro parentesco, mi posición quedó clara para él, y sobre una buena base. Señaló que me parecía mucho a mi tío Charles; supongo que era cierto, porque la señora Barrett solía decir lo mismo. Una cortesía atenta y servicial reemplazó su actitud anterior, desagradablemente dubitativa; a partir de entonces no volvió a faltar una respuesta amable a una pregunta sensata.
La ventana de mi saloncito daba a una calle estrecha y muy tranquila, bastante limpia; los escasos transeúntes eran iguales a los de cualquier ciudad de provincias: no había nada que pudiera intimidarme; supe que podía aventurarme a salir sola.