Villette
Villette Me procuró un extraño placer seguir a esos amigos sin que ellos advirtieran mi presencia, y los seguí, como era mi intención, hasta el parque. Observé cómo se apeaban (los carruajes tenían prohibido el paso) entre nuevos e inesperados esplendores. Sobre la puerta de hierro, entre las dos columnas de piedra, se extendía un arco brillante de innumerables estrellas; y, siguiéndoles furtivamente bajo aquel arco, ¿dónde se encontraban ellos y dónde me encontraba yo?
En un país encantado, en el más hermoso de los jardines, en una llanura salpicada de meteoros irisados, en un bosque de destellos color púrpura, rubí y dorado, semejantes a piedras preciosas entre el follaje; en una región, no de árboles y sombras, sino de la más sorprendente riqueza arquitectónica: de altares y de templos, de pirámides, obeliscos y esfinges; por increíble que parezca, las maravillas y los símbolos de Egipto inundaban el parque de Villette.