Villette
Villette Aunque Graham extremara su discreción aquella noche, no podía seguir tan cerca de mis amigos; tenía que abandonar aquel rincón y aquel asiento tan peligrosos; esperé una oportunidad, me levanté y me escabullí. Es posible que pensara, o incluso creyera, que Lucy estaba envuelta en aquel chal y oculta bajo aquel sombrero; jamás podría tener la certeza, pues no me vio la cara.
¿Acaso mi espíritu inquieto no se había serenado para entonces? ¿No había tenido ya suficientes emociones? ¿No había empezado a flaquear, estremecerse y anhelar la seguridad que proporciona un techo? En absoluto. Seguía odiando mi cama de la rue Fossette con más intensidad de la que puede expresarse con palabras; me aferraba a cualquier cosa que pudiera distraerme. También sentía, de algún modo, que el drama de la noche acababa de empezar, que apenas se había leído el prólogo: en aquel teatro boscoso y cubierto de césped reinaba una sombra de misterio; los actores y los sucesos inesperados aguardaban entre bambalinas. Estaba convencida: lo presentía.