Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Earnshaw, es una bendición que su mujer haya podido vivir para dejarle a usted este niño. Cuando ella vino estaba convencido de que no estarÃa mucho tiempo entre nosotros, y ahora tengo que decirle que el invierno probablemente acabará con ella. No se apure, ni se lamente demasiado, no tiene remedio. Además debÃa haberlo pensado mejor antes de escoger una muchacha tan delicada.
—¿Qué le contestó el amo? —pregunté.
—Creo que una maldición, pero no me fijé en él, estaba poniendo todo mi esfuerzo en ver al niño.
Y empezó de nuevo a describirlo embelesada. Yo, tan emocionada como ella, corrà ansiosa a casa para admirarle a mi vez, aunque lo sentÃa mucho por Hindley. En su corazón no habÃa sitio más que para dos Ãdolos… su mujer y él mismo, amaba a los dos, pero adoraba a uno, y no podÃa concebir cómo iba a soportar la pérdida.
Cuando llegamos a Cumbres Borrascosas allà estaba él, en la puerta principal y, al entrar, le pregunté cómo estaba el niño.
—Casi listo para echar a correr, Nelly —respondió con alegre sonrisa.
—¿Y la señora? —me aventuré a preguntar—. El doctor dice que ella…