Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Pero Joseph se lo contará —insinuó ella—. ¡Será mejor que te vayas!
—Joseph está cargando cal al otro lado del Risco de Peniston, eso le llevará hasta el anochecer y no se enterará.
Diciendo esto se acercó perezosamente al fuego y se sentó. Catherine reflexionó un instante con el ceño fruncido… creyó necesario allanar el camino para una posible intrusión.
—Isabella y Edgar hablaron de venir esta tarde —dijo, tras un minuto de silencio—. Como llueve apenas si les espero, pero pueden venir, y si vienen, tú corres el riesgo de que te riñan por nada.
—Manda a Ellen a decirles que estás ocupada, Cathy —insistió—. No me eches por esos desgraciados y estúpidos amigos tuyos. Yo a veces estoy a punto de quejarme de que ellos… pero no lo diré…
—¡Que ellos qué! —gritó Catherine, mirándole con el rostro turbado—. ¡Oh, Nelly! —añadió enfurruñada, retirando bruscamente la cabeza de mis manos—, me has peinado sin un rizo. Ya está bien, déjame. ¿De qué estás a punto de quejarte, Heathcliff?
—Nada… sólo mira el calendario de la pared —señaló un papel enmarcado que colgaba junto a la ventana y continuó—: las cruces indican las tardes que has pasado con los Linton, los puntos, las que has pasado conmigo. ¿Ves? Las he marcado todas.