Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Joseph se opuso al principio, pero ella iba demasiado en serio como para soportar que se la contradijera, y al fin se caló el sombrero y se marchó refunfuñando. Mientras tanto Catherine andaba de un lado a otro de la habitación exclamando:
—¿Dónde puede estar…? ¿Dónde se habrá metido? ¿Qué dije, Nelly? Lo he olvidado. ¿Se habrá ofendido por mi mal humor de la tarde? ¡Dios mÃo! Por lo que más quieras dime qué he dicho para ofenderle. ¡Ojalá viniera! ¡Ojalá viniera!
—¡Cuánto ruido para nada! —exclamé, aunque más bien intranquila también—. ¡Por qué tonterÃas se asusta! Seguro que no hay gran motivo de alarma en que Heathcliff se dé un paseo a la luz de la luna por los páramos, o incluso que, demasiado enfurruñado para hablar con nosotros, esté tumbado en el pajar. Apuesto a que está escondido allÃ. ¡Veremos si no le saco de la madriguera!
Salà para reanudar la búsqueda, pero el resultado fue un fracaso, y las pesquisas de Joseph terminaron igual.