Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Bueno, entonces asunto concluido. Si para usted sólo cuenta el presente, cásese con el señor Linton.
—No necesito tu permiso… me casaré con él. Pero todavÃa no me has dicho si hago bien.
—Perfectamente bien; si es que la gente hace bien en casarse teniendo en cuenta sólo el presente. Y ahora oigamos por qué se siente usted desgraciada. Su hermano estará contento. Los viejos Linton no pondrán inconveniente, supongo. Usted escapará de una casa desordenada e inhóspita a una rica y respetable. Usted ama a Edgar y Edgar la ama a usted. Todo parece liso y llano, ¿dónde está el obstáculo?
—¡AquÃ! y ¡aquÃ! —respondió Catherine, golpeándose la frente con una mano, y el pecho con la otra—, dondequiera que esté el alma. ¡En mi alma y en mi corazón estoy convencida de que hago mal!
—¡Eso es muy raro! No acabo de entenderlo.
—Es mi secreto. Pero si no te rÃes de mà te lo explicaré. No puedo hacerlo con claridad, pero te daré mi impresión de lo que siento. Se sentó junto a mà de nuevo. Su rostro se puso más triste y más serio, y las manos apretadas le temblaban.
—Nelly, ¿tú nunca tienes sueños raros? —dijo de repente, después de unos minutos de reflexión.
—SÃ, de vez en cuando —respondÃ.