Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —En nuestro paseo por el páramo. ¡Me dijiste que podÃa andar por donde quisiera, mientras tú paseabas con el señor Heathcliff!
—¿A eso le llamas tú dureza? —dijo Catherine riéndose—. No era una insinuación de que nos molestara tu compañÃa. No nos importaba si estabas con nosotros o no. Sólo pensé que la conversación con Heathcliff no tendrÃa nada de entretenida para ti.
—¡Oh, no! —lloró la joven—. ¡QuerÃas alejarme porque sabÃas que me gustaba estar allÃ!
—¿Está en sus cabales? —preguntó la señora Linton dirigiéndose a m×. Te repetiré nuestra conversación palabra por palabra, Isabella, y me dirás los encantos que podÃa tener para ti.
—No me importa la conversación —respondió—. QuerÃa estar con…
—¿S� —dijo Catherine, percatándose de su vacilación para terminar la frase.
—Con él. ¡Y no quiero que me estéis echando siempre! —continuó enardeciéndose—. ¡Eres como el perro del hortelano, Cathy, y no quieres que amen a nadie más que a ti!
—¡Eres una diablilla impertinente! —exclamó la señora Linton sorprendida—. ¡No puedo creer semejante estupidez! Es imposible que puedas codiciar la admiración de Heathcliff… ¡que le consideres una persona agradable! Espero no haberte malentendido, Isabella.