Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡En ese caso no quisiera estar en tu lugar ni por todo un reino! —declaró Catherine con énfasis, y parecÃa hablar sinceramente—. Nelly, ayúdame a convencerla de su locura. Dile lo que es Heathcliff: un ser indómito, sin refinamiento, sin cultura, un árido yermo de aulagas y pedernal. ¡Antes pondrÃa yo ese pobre canario en el parque en un dÃa de invierno que aconsejarte que le entregaras tu corazón! Es una lamentable ignorancia de su carácter, niña, y nada más, lo que ha hecho que se te metiera este sueño en la cabeza. ¡Y por favor, no te imagines que oculta tesoros de bondad y de cariño bajo ese adusto exterior! No es un diamante en bruto… ni la ostra de un rústico que contiene una perla: es un hombre feroz, despiadado y como un lobo. Yo nunca le digo: «Deja en paz a éste o aquel enemigo, porque serÃa poco generoso o cruel hacerle daño». Le digo: «Déjalos en paz porque yo detestarÃa que se les perjudicara». A ti, Isabella, te aplastarÃa como a un huevo de gorrión, si le resultaras un cuidado molesto. Sé que serÃa incapaz de amar a una Linton, ¡pero serÃa muy capaz de casarse con tu fortuna y tus expectativas! La avaricia se ha convertido en su pecado más acuciante. Ahà tienes mi retrato y eso que soy su amiga… y tanto es asà que si él hubiera pensado seriamente en cazarte, yo quizá hubiera debido contener la lengua y dejarte caer en su trampa.
La señorita Linton miró a su cuñada con indignación.