Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Te aseguro que sà —respondió ella—. Hace varias semanas que languidece por tu amor. Y esta mañana, delirando por ti, me echó un diluvio de insultos, porque le saqué a plena luz tus defectos con el propósito de mitigar su pasión. Pero no pienses más en ello. QuerÃa castigar su insolencia, eso es todo. La quiero demasiado bien, querido Heathcliff, para permitir que te apoderes en absoluto de ella y la devores.
—Y yo la quiero demasiado mal para intentarlo —dijo él—, salvo a la manera de auténtico vampiro. OirÃas contar cosas raras si yo viviera sólo con ese insÃpido rostro de cera. Lo más corriente serÃa pintar en su blancura los colores del arco iris y volver negros sus ojos azules cada uno o dos dÃas. Se parecen detestablemente a los de Linton.
—¡Deliciosamente! —observó Catherine—. ¡Son ojos de paloma… ojos de ángel!
—Es la heredera de su hermano, ¿no? —preguntó él, después de un breve silencio.
—LamentarÃa que asà fuera —respondió su compañera—. Media docena de sobrinos la dejarÃan sin su tÃtulo, gracias a Dios. Aparta tu mente del asunto por ahora. Eres demasiado proclive a codiciar los bienes del prójimo. Recuerda que los bienes de este prójimo son mÃos.