Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas No hubiera hablado asà de haber sabido su verdadero estado, pero no podÃa librarme de la idea de que parte de su enfermedad era fingida.
—¡Entre sus libros! —exclamó confusa—. ¡Y yo muriéndome! ¡Al borde de la tumba! ¡Dios mÃo! ¿Sabe lo desfigurada que estoy? —continuó, contemplando su imagen en un espejo colgado en la pared opuesta—. ¿Es ésa Catherine Linton? Se imagina que es una rabieta… o una comedia quizá. ¿No puedes informarle de que es algo terriblemente serio? Nelly, si no es demasiado tarde, en cuanto sepa lo que piensa, escogeré entre estas dos soluciones: o me dejaré morir de hambre ahora mismo —lo que no serÃa un castigo a menos que tenga corazón— o recuperarme y abandonar la región. ¿Me estás diciendo la verdad respecto a él? Ten cuidado. ¿Mi vida le es en realidad tan absolutamente indiferente?
—Bueno, señora —respond×, el amo no tiene idea de que esté usted trastornada, y desde luego no teme que se deje usted morir de hambre.
—¿Crees que no? ¿No puedes decirle que sà lo haré? ¡Convéncele! ¡Dile lo que piensas, dile que estás segura de que lo haré!
—No, olvida, señora Linton, que esta tarde ha comido algo con gusto, y mañana notará su buen efecto.