Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas La misma pregunta se repitió a la comida y al té, y de nuevo a la mañana siguiente, y la respuesta fue la misma. El señor Linton, por su parte, pasaba el tiempo en la biblioteca sin preguntar nada respecto a lo que hacía su mujer. Isabella y él habían tenido una entrevista de una hora, durante la cual intentó sacarle algún sentimiento de legítimo horror por los atrevimientos de Heathcliff, pero no pudo conseguir nada de sus respuestas evasivas y se vio obligado a cerrar el interrogatorio sin resultado. Añadió, sin embargo, la advertencia solemne de que si era tan loca como para alentar a tan indigno pretendiente, rompería toda relación entre ella y él.