Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas Fijó en mà la mirada más tiempo del que yo estuve dispuesto a devolverle la mÃa, por miedo a que me viera tentado a soltarle una bofetada o a dar rienda suelta a mi hilaridad. Empecé a sentirme indudablemente desplazado en aquel agradable cÃrculo familiar. La lúgubre atmósfera espiritual dominó, y neutralizó con creces, el cálido bienestar fÃsico que me rodeaba, y decidà andar con cautela respecto a aventurarme bajo aquel techo por tercera vez.
Una vez despachada la comida, y como nadie pronunciaba una palabra de sociable conversación, me acerqué a una ventana para examinar el tiempo. Vi un espectáculo desolador. La oscura noche caÃa prematuramente, y el cielo y los montes se confundÃan en un glacial torbellino de viento y de nieve asfixiante.
—Me parece que me va a ser imposible llegar a casa ahora sin un guÃa —no pude por menos de exclamar—. Los caminos estarán ya borrados y, aunque estuvieran libres, apenas podrÃa distinguir a un paso de distancia.
—Hareton, lleva esa docena de ovejas al porche del granero. Si las dejamos en el redil toda la noche las cubrirá la nieve. Y ponles un tablón delante —dijo Hcathcliff.
—¿Qué voy a hacer? —continué yo con creciente irritación.