Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡Oh, Cathy! ¡Oh, vida mÃa! ¿Cómo podré soportarlo? —fueron las primeras palabras que pronunció, en un tono que no intentaba disimular su desesperación. Y la miró entonces con tal avidez que pensé que la misma intensidad de la mirada traerÃa lágrimas a sus ojos, pero ardieron de angustia, no se humedecieron.
—¿Y ahora qué? —dijo Catherine, echándose hacia atrás y devolviéndole la mirada con un ceño súbitamente fruncido, pues su humor era una pura veleta de caprichos en constante variación—. ¡Tú y Edgar me habéis destrozado el corazón, Heathcliff! ¡Y los dos me venÃs a lamentaros del hecho como si fuerais a los que habÃa que compadecer! Pero no te compadeceré, no. Me has matado… y creo que te ha sentado bien. ¡Qué fuerte eres! ¿Cuántos años piensas vivir después de que me haya ido?
Heathcliff habÃa hincado una rodilla para abrazarla, intentó levantarse, pero ella le cogió por el pelo y le mantuvo asÃ.