Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —Si tienes algo para Isabella (como sin duda tienes, Nelly), dáselo. No hace falta que hagas de eso un secreto, no tenemos secretos entre nosotros.
—Oh, no tengo nada —respondÃ, pensando que era mejor decir la verdad desde el principio—. Mi amo me rogó que dijera a su hermana que no debe esperar carta ni visita suya por ahora. Él le envÃa su cariño, señora, sus mejores deseos de felicidad, y su perdón por el dolor que le ha ocasionado. Pero cree que a partir de ahora su casa y esta casa deben suprimir toda intercomunicación, porque nada bueno resultarÃa de mantenerla.
A la señora Heathcliff le temblaron ligeramente los labios y se volvió a su asiento junto a la ventana. Su marido se colocó cerca del hogar, a mi lado, y empezó a hacerme preguntas referentes a Catherine. Le conté todo lo que me pareció oportuno respecto a su enfermedad, pero él me sacó, con un exhaustivo interrogatorio, la mayorÃa de los hechos relacionados con su origen. Yo la culpé, como se merecÃa, de haberla provocado ella misma y terminé diciendo que esperaba que él siguiera el ejemplo del señor Linton y evitara futuras interferencias con su familia, para bien o para mal.