Cumbres Borrascosas
Cumbres Borrascosas —¡En ese caso, yo tomaré las medidas para asegurarme de ti, mujer! —exclamó Heathcliff—. No saldrás de Cumbres Borrascosas hasta mañana por la mañana. Es una necedad decir que Catherine no podrÃa soportar verme y, en cuanto a sorprenderla, yo no lo deseo, tienes que prepararla… preguntarle si puedo ir. Dices que nunca menciona mi nombre ni nadie le menciona el mÃo. ¿A quién me va a mencionar si estoy prohibido en la casa? Ella cree que todos sois espÃas de su marido. ¡Oh, estoy seguro de que vive un infierno entre vosotros! Me imagino por su silencio, más que por ninguna otra cosa, lo que siente. Dices que a menudo está inquieta y muestra ansiedad. ¿Es eso prueba de tranquilidad? Hablas de que su mente está alterada. ¿Cómo diablos puede ser de otra manera en su espantoso aislamiento? ¡Y esa insÃpida y mezquina criatura que la atiende por deber y humanidad…! ¡Por compasión y caridad! ¡Igual podrÃa plantar un roble en un tiesto y esperar que creciera que imaginar que puede restablecer el vigor de su mujer con la tierra de sus banales cuidados! Vamos a arreglar esto ahora mismo. ¿Te quedarás aquà y yo tendré que abrirme paso hasta Catherine luchando contra Linton y sus criados? ¿O serás mi amiga, como lo has sido hasta ahora, y harás lo que te pido? ¡Decide! ¡Porque no hay motivo para demorarme ni un minuto más si persistes en tu terca mala voluntad!